Crítica social

Ayer fui a ver Palmeras en la Nieve. Una película muy conmovedora y bonita, me absorbió totalmente. Excepto, claro, en esos momentos en los que los que los y las inoportunos/as de siempre, incapaces de mantener su atención en algo decente durante más de 5 segundos seguidos, encendían su móvil para solo Dios sabe qué.

Presiento que con este artículo me voy a desahogar pero bien. Ya sabéis, siempre con todo el cariño del mundo. Como ya sabréis algunos, esto de basar nuestra vida en la tecnología 200% for ever and ever no me agrada mucho. Yo misma estoy en el ordenador, y no lo voy a dejar de hacer porque es nuestro presente y futuro. Se ha convertido en el medio idóneo para informarnos de lo que nos interesa y, en mi caso, dar a conocer a otros nuestro punto de vista.  Hace poco me quité del facebook, era algo a lo que llevaba dando vueltas demasiado tiempo… Y decidí quitármelo porque me di cuenta de que mientras otros -más inteligentes que yo- invertían su tiempo en vivir y crear, yo lo invertía en ver la idealización de la vida que otros querían mostrar.

Asique sí, los primeros días -no os lo voy a negar- me sentía rara, podría decir que incluso… ¿sola? Madre mía, hasta ese punto la famosa network puede crear dependencia. Ahora puedo decir orgullosa que estoy bien, de hecho puedo centrarme un poco más en el día a día, en mi vida con todo lo que ello implica… Es irónico pero decidir desconectar de la red me ha ayudado a estar más conectada conmigo misma, mi familia y mi realidad inmediata. Esta ha sido mi decisión, casi todos mis amigos tienen Facebook y no por eso dejo de quererles… y no por eso ellos han dejado de quererme.

El caso y volviendo a lo del tema del cine, debéis saber que me ENCANTA, APASIONA el cine. No hasta el punto de ser una friki -por desgracia- porque me encantaría poder dedicarle más tiempo del que le dedico. Pero cuando decido gastar dinero de mi bolsillo para ir a ver una película, eso amigos, es sagrado. Y es sagrado porque entiendo que quienes van al cine, como al teatro o la opera, van por decisión propia, porque quieren disfrutar y quieren formar parte de algo. No es un concierto, donde muchos ya no viven el momento sino que se mueren por grabarlo y hacer saber al mundo que estuvieron ahí. Yo personalmente nunca he estado en uno -¿¡Cómo!? ¿NUNCA?- Sí lo sé, está en mi lista de deseos… Pero os aseguro que el día que lo haga mi móvil estará bien guardadito y yo disfrutando como una enana. En cambio, el cine o el teatro son diferentes y más ahora que se están convirtiendo en un capricho. Hay días que la entrada es más barata, pero muchas veces por distintas razones, al final de ir sólo puedes ir un fin de semana.

¿El tema del móvil en el cine? Bueno, en una sala oscura donde la única fuente de luz procede de la gran pantalla… Pues sí, es molesto cuando alguien enciende el teléfono porque distrae. Pero no os voy a mentir, en el fondo lo que más me preocupa es sentir que nos estamos perdiendo. Yo sé que hay gente que también se para a pensar sobre esto, sobre cómo nuestro afán por sentirnos conectados nos está separando. Creo que ahora es algo imperceptible, porque estamos viviendo el Boom, pero cuando veo a niños que ya nacen con una tablet delante… No sé no sé, creo que este es un tema al que no se le está prestando la atención que merece.

Bueno, ¡mi reflexión del domingo! Os invito a que compartáis vuestra opinión y ya sabéis, si queréis recibir contenido como este y estar al día de las últimas publicaciones ¡no olvidéis suscribiros!

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