“Al otro lado del Mediterráneo”

Queridos lectores,

Espero que estéis disfrutando de este maravilloso fin de semana, a mí como a otros muchos estudiantes, me ha tocado pasarlo estudiando jeje

En fin, quería hacer referencia al libro El increíble viaje del faquir que se quedó atrapado en un armario de Ikea, que ya mencioné en otra entrada. Aparte de tratarse de un libro increíblemente divertido y bonito, ha tocado un tema sobre el que tengo muchísimas ganas de hablar: la inmigración.

La crítica que voy a hacer a continuación es personal, y no tiene nada que ver con el libro. No obstante me ha parecido correcto mencionarlo, porque tras leerlo me ha despertado un sentido de justicia humanitaria que mi carácter -aún adolescente- necesita compartir.

 

*Un apunte rápido, no escribir con palomitas al lado porque es una distracción constante*

Vale, al margen del tipo de inmigración que hablemos, es importante tener en cuenta que estamos hablando de personas. Sí, personas, no números o seres extraterrestres. Esto lo digo porque en España más de una vez he oído comentarios despectivos como: “que se vayan a su país” “aquí el trabajo primero para los españoles” o “ese barrio es peligroso, está lleno de inmigrantes”.

Yo espero de todo corazón, que todas estas personas incapaces de mirar más allá de las fronteras españolas no se vean en la necesidad de buscar trabajo en otro país porque en España no lo encuentran. Deseo de verdad que ningún familiar, amigo o conocido de estas personas se haya visto en la situación de buscar aliento disfrazado de esperanza en otros territorios no españoles. Más que nada porque sería de hipócritas juzgar a quienes vienen en busca de un futuro -ya no mejor, sino simplemente un futuro- cuando muchos españoles estamos teniendo que emigrar a otros países porque el nuestro es incapaz de proporcionarnos cobijo laboral a todos. Y, si no me falla la memoria, los españoles vivimos una situación similar en los años 60 cuando muchos emigraron a Alemania, y no precisamente para trabajar en altos cargos.

Voy a compartir algo con vosotros de mi propia experiencia, no tiene por qué interpretarse como lo que abunda, pero es mi experiencia.

Hace poco dejé un trabajo como recepcionista y auxiliar. Me pasé por el trabajo tras un par de semanas con la sorpresa de que aún no habían encontrado sustituta. Resulta que ofrecieron mi puesto a una escuela especializada en esta profesión -a jornada parcial- y absolutamente nadie se inscribió en la oferta. Nadie. De toda una escuela. Ahí os lo dejo, para vuestra reflexión personal.

Sé que hay gente que lo está pasando mal, y no quiero que esta crítica se emplee como niebla de esta realidad. Pero la tolerancia es el primer paso para que funcione una sociedad. La vida es sabia amigos, se está repitiendo la misma historia que hace unos años, con españoles teniendo que emigrar a otros países y parece que hay una lección que necesita ser aprendida. ¿Cuál? Pues esperaba que me la dijerais vosotros, yo sólo tengo 20 años y me limito a mirar de frente al mundo en el que vivimos… mientras me pregunto si la solución que tan ansiadamente buscamos estará también delante de nuestra lindas y hermosas naricillas.

 

 

 

 

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