El arte de lidiar con las personas

Holaa,

Estoy leyendo un libro fantástico, y te quiero hablar de algo que podría cambiar el mundo que te rodea si lo aplicas, a pequeños pasos y de forma constante.

Trata sobre la forma que tenemos de relacionarnos con los demás. Sin darnos cuenta, tendemos a creer que nuestra opinión es la acertada y, si te fijas con suficiente atención, es monumental la cantidad de veces que podemos decir al día la palabra “yo”. ¡Infinitas!

Se nos olvida que los demás también tienen su punto de vista, su razón por hacer lo que hacen y, sobre todo, su necesidad de sentirse importantes. Todos queremos sentirnos importantes y reconocidos. Hacemos lo que hacemos para darle un sentido a nuestra vida, justificar nuestras acciones y respaldar nuestros valores.

Por eso es importante tener en cuenta estas cosas cada vez que vayamos a hablar con alguien. Tendemos a criticar antes de escuchar y, aunque me cueste reconocerlo, yo soy la primera.  Creemos que tenemos la razón y aquí, amigos míos, entra la maravillosa habilidad de saber lidiar con las personas.

Quiero darte tres pequeños consejos que crearán un impacto muy bonito, y podrían cambiar la vida de quienes te rodean… incluyendo la tuya.

Recuerda su nombre

No son muchas las personas capaces de recordar el nombre de alguien a quien acaban de conocer, a no ser que tengamos un interés en hacerlo. Pero todos tenemos nombre y TODOS nos sentimos super orgullosos de él. Porque si alguien se confunde, lo pronuncia mal o no termina de recordarlo pues… simplemente molesta. Por eso te invito a recordar el nombre de la próxima persona que conozcas; simplemente prueba a hacerlo y ver qué pasa.

Incentiva a base de resaltar habilidades

Si sabes que alguien que conoces tiene la capacidad de dar más de sí, o no para de fastidiarla en un aspecto en su vida no le critiques más de lo que se pueda estar criticando a si mismo. Con la crítica y la reprimenda sólo conseguiremos resentimiento y malestar en la otra persona. ¿Por qué no enfatizar lo que está haciendo bien? No es lo mismo decirle a alguien: “deja de cagarla en el trabajo, eres un desastre, todo desordenado, ¿qué pasa no te enseñaron a tener una mesa limpia en el colegio?” a decir: “te felicito por la calidad en tu trabajo, has conseguido entregarme todos los documentos sin faltas y a tiempo, y eso te convierte en todo un ejemplo hacia tus compañeros. ¿Has pensado en los resultados que podrías obtener si organizaras mejor tu escritorio? Sabes, yo cuando empecé tenía la mesa mucho más desorganizada que la tuya, pero gracias a unos pequeños trucos ahora soy mucho más productiva, mira, deja que te los escriba”.

Las palabras tienen un impacto demasiado potente en las personas. Se honesto y habla desde el corazón, no lo hagas con palabras sin fundamento porque se va a notar. En cambio, díselo con tacto, con respeto y sinceridad.

Nuestro sentido de la importancia

Todos tenemos un sentido de la importancia. En cuanto alguien intente dañarlo o reducirlo a pedacitos, lo más probable es que esa persona no vuelva a contar con nosotros en mucho tiempo. Por eso es importante recordar que tanto tú, como yo, como el vecino de al lado tenemos la necesidad de resaltar nuestra importancia como individuos. Un ejemplo en el campo de las ventas: no es lo mismo un vendedor con “don de gentes” que otro que solo trata de vendernos la moto. Si quieres vender un producto sin tener en cuenta las necesidades del cliente potencial, sus intereses o si quiera quién es, entonces probablemente no se cambie de compañía telefónica. Pero si haces el esfuerzo en indagar lo que le mueve o lo que le molesta entonces la conversación se centrará en el cliente, y no en el producto. Y si tienes conocimiento de tu producto quizá sepas adaptarlo a sus necesidades y, quién sabe, consigas una nueva venta -o por lo menos alguien que hable bien de tu producto.

Esto son aspectos tan importantes a tener en cuenta y recuerda, sólo funciona cuando se hace de forma bienintencionada, con honestidad y carisma. Los cumplidos interesados son muy feos. Yo personalmente veo muy difícil la labor de un promotor -creedme, lo probé- pero no creía en el producto que estaba vendiendo y lo dejé a los 3 días, porque sabía que no iba a ser capaz de vender algo que ni yo misma compraría. Por eso es importante creer en nuestras palabras, para que podamos crear un espacio para la coherencia y sinceridad.

Si os interesa el libro lo podéis encontrar aquí:

Cómo ganar amigos e influir sobre las personas (Elipse)

Este libro nos recuerda que al final sólo somos personas en busca de un poco de reconocimiento y apreciación. Tratar a las personas con respeto es un arte que todos podemos aprender.

 

 

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