La importancia de llevar una vida sana

Hoy quiero hablaros de la vida sana.

Cuando digo sana no digo dieta. Digo sana. Porque me agobia pensar en la ansiedad que nos genera la palabra dieta, es como si de repente la única razón para llevar un estilo de vida saludable es adelgazar y terminar esqueléticos.

Antes de comenzar este post, quiero dejaros con la siguiente ironía: cómo es posible que en la sociedad occidental haya gente que, aún teniendo capacidad para comprar alimentos deje de comer, no desayune porque “esque yo no desayuno porque me sienta mal, pero a las dos horas no paro de quejarme porque tengo hambre y ando gorroneando comida a los compañeros”, o “yo esque sólo como cuando tengo hambre, y en la cena me pego un atracón que lo flipas y no entiendo porque no consigo adelgazar”. Cuando comer es uno de los mayores placeres que existen, y cuando digo comer, digo comer bien.

Le contaba el otro día a mi madre, que llevo tanto tiempo comiendo comida casera, que cuando salí con unas compañeras a comer fuera me sentó de pena. Pero claro, cuando comía más a menudo fuera apenas lo notaba. Imaginaros qué no tendrá la comida que comemos fuera.

Cuando digo vida sana digo cuidar de nosotros como nos gustaría que la vida nos tratara. Cuidar a nuestro cuerpo como se merece, proporcionándole los alimentos que le benefician y no aquellos que le sientan mal. Porque el cuerpo, así como la mente, se entrenan, y si les enseñamos malos hábitos al final ello tendrá una repercusión negativa en nuestro bienestar. Tonny Robins decía en uno de sus seminarios que tan sólo mirando los cuerpos de los que estaban sentados, podía intuir sus hábitos. Podía perfectamente intuir quiénes hacían vida sedentaria, quiénes estaban medianamente en forma y quiénes tenían una vida devota al gimnasio. Nuestro cuerpo refleja nuestro estado anímico. Pensadlo, si estamos tristes andamos decaídos pero si nos dan una buena noticia ¡buah! Nos ponemos a saltar, ponemos los brazos en alto y andamos como si nos fuéramos a comer el mundo -literalmente. Esto es muy importante, porque normalmente si nos sentimos con vitalidad somos más propensos a buscar un estilo de vida que se adecue a nuestro estado anímico.

De mi propia experiencia os puedo decir que durante mi primer año en Escocia engordé 6 kilos. Me atiborraba a comer dulces y pensaba -bah con todo lo que ando esto lo quemo enseguida JAJA Pero obviamente las grasas encontraron un buen cobijo en mis cartucheras. ¿Por qué comí tanto?  Pasé por una fase de adaptación y sentía nostalgia, por primera vez tuve tiempo conmigo misma y todo ello me sobrepuso ¿Significa eso que mi vida fuera una desgracia? ¡¡No!! Es normal y natural, además en el camino hice amistades increíbles y tuve experiencias inolvidables. Cada uno reaccionamos a nuestra manera, hubo gente que bebía hasta caerse, otros adelgazaron más de la cuenta, y otros tantos lo llevaron bien. Pero al segundo año eso cambió, mi cuerpo y mi mente ya no me pedían comida basura y yo misma ya no quería ni verla. Tuve la necesidad de volver a sentirme ágil, fuerte y segura de mi misma. Mi estado anímico cambió y, como resultado y con el tiempo, mi cuerpo físico también lo hizo.

Otra razón por la que retomé la natación fue para fortalecer mi espalda. Tras una caída y 3 meses de fisio, se hizo obvio que necesitaba fortalecer musculatura si no quería volver a pasar por aquel calvario. Os lo aseguro, no somos conscientes del uso que damos a nuestra espalda hasta que la tenemos fastidiada. Por eso estoy haciendo más ejercicio que nunca y ni me había dado cuenta hasta ahora, y lo único que me mueve es única y meramente mi salud.

Vida sana es disfrutar de la comida en su justa medida, cuidar de nuestra salud y bienestar como merecen y concedernos el derecho de disfrutar de algún caprichito de vez en cuando. ¿Es malo tener chichilla? En mi opinión no, siempre y cuando estés a gusto con esa chichilla y no te resulte un obstáculo en tu día a día. ¿Es malo tener curvas? No, pero tampoco caigamos en la trampa de asociar curvas con obesidad.

Todas las personas somos bellas sea cual sea nuestra talla, pero el primer paso para verlo es aceptar nuestra psique y hacer las paces con nosotros mismos. El siguiente paso es rodearnos de gente que nos impulse a ser mejores e ir a por todas.

Os dejo con una frase que me ha cambiado por completo, de Jim Rohn, que dice algo así como ” la vida que tenemos no es el resultado de lo que merecemos, sino el reflejo de lo que somos”.

 

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